domingo, 5 de mayo de 2019

La marca de Caín


            Después de que Caín mato a su hermano Abel, Dios lo buscó. Los versos del libro de Génesis afirman; “Dios dijo a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?”, contesto “No sé, ¿Soy yo acaso el guardia de mi hermano?”. Replicó Dios: “¿Qué has hecho?, se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra”. Entonces dijo Caín a Dios: “Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Es decir que hoy me echas de este suelo y he de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará”. Respondióle Dios: “Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagara siete veces” y Dios puso una señal a Caín para que nadie que le encontrase le atacara” (Génesis 4:9-15).
            La sangre de Abel clama por justicia, el texto es claro al afirmar; “se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo”, es Dios quien atiende esta situación buscando a Caín, llamándolo a la introspección: “¿Dónde está tu hermano?”, “¿Qué has hecho?”.
            Después de este llamado, Dios hace la siguiente declaración sobre Caín: “maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano…”. En el sentido pedagógico, este señalamiento debe ser entendido como una amonestación del creador para propiciar el arrepentimiento del pecador. Tras el señalamiento, Caín reconoce su acto y acepta su culpa: “Mi culpa es demasiado grande para soportarla…”. Caín no evadió su acción, ni se justifico culpando a su hermano. Al final de su declaración hace este señalamiento “quien me encuentre me matará”, y en respuesta a ello, Dios otorga a Caín una “marca” para que nadie lo ataque.
            Es necesario señalar un antecedente. El pentateuco –compendio de libros que incluye Génesis- fue escrito por Moisés. Uno de los conceptos más antiguos entregado por Moisés al pueblo hebreo fue “el que hiera de muerte a otro, ciertamente morirá” (Ex. 21:12). Cuando Moisés escribe en el Pentateuco la historia de Caín, parece caer en una contradicción, Caín debiese morir de la misma forma en que él asesino a su hermano Abel. Moisés por la revelación introduce en el relato “la marca” que recibió Caín y esto lo libró de recibir una muerte violenta. Esta “marca” es un beneficio para Caín. En un contexto antiguo y en términos humanos la justicia de Dios parece ser ineficiente; Caín asesinó a su hermano y en vez de recibir el mismo pago se le otorgó una marca para que nadie lo asesine. ¿Dónde está la justicia?. El asesino parece recibir mayor beneficio que el asesinado. La justicia divina es distinta a la justicia humana.  
            Esta “marca” que Caín recibió es una prefigura de un sacramento. Cuando nosotros obramos el mal y nos arrepentimos, acudimos al sacramento de la confesión y reconciliación, y así, con esta marca Dios nos libra de la muerte eterna (el infierno).
            En el llamado de la justicia divina, desde que la sangre de Abel cae al suelo y la clama, San Pablo, en la carta a los Romanos, hizo una declaración interesante que funciona muy bien como un paralelo entre la sangre de Abel y la sangre de Jesús. El apóstol afirmó, refiriéndose al evangelio, que la justicia de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia (Romanos 1:16-19). Aquí podemos notar también, que la sangre de Jesús al igual que la de Abel, clama justicia, pero no es una justicia vengativa al modo de la justicia requerida por los humanos, sino que es, una justicia que reconcilia y dota al mundo del llamado a la conversión, entregando a cada hombre esa marca en un sacramento para librarlo de la impiedad en la que vive y salvarlo de la segunda muerte (el infierno). Es necesario que la justicia de Dios llegue a todos.