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domingo, 25 de marzo de 2018

El temor de Dios


            La palabra temor puede ser vista como algo negativo pero con sabiduría todo sentimiento puede ser usado para perseguir una virtud. Cuando era niño tenía miedo a la obscuridad, tenía miedo a sentirme solo, desprotegido, después cuando mi comprensión de la realidad creció mi miedo a la obscuridad se fue disipando, aun así, los adultos tenemos miedo a la obscuridad cuando caminamos solos por alguna avenida desconocida y nos sentimos indefensos dentro de la ciudad. Este temor es bueno, si no lo tuviésemos daríamos mas oportunidad a los asaltantes cada vez que caminamos por alguna calle en la noche. El temor nos advierte y nos hace ver la probabilidad del peligro, el temor es la intermitente que señala el riesgo y que descansa cuando sentimos confianza y protección.
            Podríamos decir que hay un temor bueno y un temor malo. El temor bueno concluirá en la seguridad, el temor malo no nos dejara vivir. El temor bueno señalará el peligro, el temor malo señalará peligro donde no lo hay. No es bueno vivir con un temor aterrorizante, tampoco es bueno transmitir ese sentimiento a los demás, si no existen motivos para sentir temor no hay porque tener temor, pero cuando si existen motivos para sentir temor puede ser malo no sentir temor, ya señalé, el temor es útil para alejarnos del peligro.
            ¿Debemos sentir temor de Dios?, si. Cuando nos acostumbramos a vivir de modo egoísta, mal gastando en excesos sin pensar en los demás, ni en nosotros mismos, es malo no sentir temor, vivir de esa forma ocasionara la destrucción de la persona y el dolor de familiares y amigos. Si no tenemos temor a los excesos iremos encaminados a destrozar nuestra vida hasta llegar a la muerte, Dios no es muerte, Dios es vida. La ausencia del temor de Dios es subestimar la vida, no temer destrozar nuestra vida ó la vida ajena por amor al pecado. Toda injusticia es pecado.     
            En un sentido eucarístico, tiene temor de Dios aquel que no desea recaer en sus pecados pasados para no perder la oportunidad de participar de la eucaristía. Este temor es bueno porque hace que la persona reflexione sobre sus faltas y no desee volver a ellas por amor al sacramento. Lo que lo mueve es el amor a la gracia otorgada por Cristo y tiene temor de perderla, no significa que no exista la reconciliación en caso de cometer algún pecado, al contrario, ese amor del creyente anhela de modo supremo el sacramento eucarístico que perder una sola oportunidad por el pecado significa para él morir a la gracia que Dios le entrega.
            No todos están conscientes del amor sacramentado, existen aquellos que tienen temor a malgastar este amor de Dios, como los que trabajan y ahorran parte de su sueldo para alcanzar una meta y tienen temor a malgastar cualquier peso en banalidades y quedar alejados de la meta, así sucede con estos creyentes, tienen temor de malgastar ese afecto de Dios y todo el esfuerzo que Dios ha puesto en ellos.
            La meta final de esta vida es entrar a la gloria de Dios, el cielo, y, la meta diaria de muchos creyentes es la eucaristía, trabajan para comerla dignamente con el temor de que el pecado les sea de tropiezo. Pidámosle a Dios la sabiduría para amarlo a Él sobre todas las cosas, así como tenemos temor de perder el patrimonio por una crisis económica ó un hijo por una enfermedad, así y mucho más, debe ser el temor de perderlo a Él por nuestra inclinación al pecado.