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domingo, 17 de junio de 2018

Los atormentados


            Hace algunas semanas dentro de las lecturas de la misa se compartió aquel pasaje donde los fariseos acusan falsamente a Jesús, diciendo que expulsa demonios por la obra de Belcebú. Esta acusación desato una retórica contundente de parte de Jesús para defender su obra, trayendo a esta polémica una revelación, Cristo afirma que existe un pecado que no será perdonado jamás a ningún hombre, ni en esta vida, ni en la otra.  
            La Iglesia en su papel pastoral ha deseado inculcarnos y guiarnos sobre esta afirmación de Jesús; “el pecado que no será perdonado…”, señalando que este pecado consiste en negar la obra de Dios en su papel redentor hacia el género humano. Donde el hombre queda preso de su propia negación a la conversión, imposibilitado para clamar perdón al creador porque no le apetece reconciliarse. Mientras la creatura no posea ese don que lo mueva a buscar la reconciliación, queda excluida del perdón divino.
            Es innegable la misericordia divina para con todos los hombres, desde el mas incrédulo hasta el más soberbio. Dios está dispuesto a perdonar, y en algunas ocasiones, los hombres lastimados por sus mismos pecados acceden a modificar su vida en consecuencia y reparación al daño recibido por su propio mal. Todos en algún momento buscamos de modo genuino la paz del Espíritu.  
            Pero, ¿Qué sucede con aquellos hombres que no son dueños de su voluntad?. Por un lado están quienes tras un trastorno mental no poseen la capacidad de raciocinio para valerse por sí mismos. Creo que estos enfermos, de algún modo inentendible recibirán misericordia. Pero, ¿Qué sucede con aquellos que no son dueños de su voluntad por la acción del enemigo?, me refiero a los posesos, los endemoniados, aquel hombre que abrió puertas al demonio volviéndose su esclavo.
            Esta realidad es una tristeza, y en el ámbito espiritual, es decir, en aquel mundo que no puede ser apreciado por nuestros ojos, es necesario como acto de caridad elevar oración para lograr la liberación de estos esclavos.
            Sin duda, algunos se alarmaran por estos hechos pero es necesario explicar. Escuchando al sacerdote exorcista, José Antonio Fortea, señaló que los casos de posesiones deben ser estudiados con cautela, por ejemplo, un enfermo mental que cree estar poseído por demonios no necesariamente lo está. Dentro de la obra del maligno hay varios grados; una es, la influencia diabólica que consiste en la simple aversión a lo sagrado, lo santo y de buen nombre, el individuo no es un poseído, solo ha creído las acusaciones del demonio y cree que combatir lo santo y puro, es algo justo y correcto. El endemoniado es un ser que ha perdido su voluntad.   
            ¿Qué nos toca hacer como discípulos de Jesucristo?. No omitir esta realidad, sino ser consecuentes con la caridad de Dios, pues si Dios ha querido advertirnos de esto, no lo hace para que seamos pasivos, sino para colaborar en la obra de Dios por medio de su voluntad, la intercesión, la oración, las súplicas, para que estos individuos incapaces de caminar hacia su propia liberación, sean liberados por la acción de otros, gracias a los ruegos y ayunos de la Iglesia. Creámoslo posible y pidamos por estos seres atormentados.