En
la religión judía un tema importantísimo es la selección de alimentos y preparación
de los mismos. Los mandamientos de Moisés dividen los animales entre puros e
impuros. Parece que el autor del génesis, Moisés, presenta una contradicción
entre el relato de la creación y las normas alimenticias para el pueblo de
Israel. Por un lado, en el relato de la creación afirmó que Dios creó a todos
los animales y dijo que era algo bueno, pero en las normas para los hebreos, Moisés
clasifico los animales entre puros e impuros, los que si podían ser comidos y
los que no. El cerdo es un animal impuro para los judíos, y por esto, ellos no
comen su carne. Pero, ¿Jesús comía carne de cerdo?.
Primero
debo aclarar, Moisés no presenta una contradicción, todos los animales forman
parte de la creación de Dios y ésta en su totalidad es buena. Sin embargo, las
leyes de Moisés entorno a los animales puros e impuros tienen un fin religioso
y de pureza, en el contexto del éxodo de Egipto, esos animales a los cuales Moisés
llamó “impuros” se asociaban o ritos paganos o enfermedades. La ley se escribió
así para los judíos, ellos no solo se abstienen de la carne del cerdo, tampoco
comen carne de otros animales.
¿Jesús
comía carne de cerdo?. La respuesta es no, él no comía la carne de cerdo. Si lo
hubiese hecho los fariseos lo hubiesen acusado pero no hay una acusación
relacionada con el cerdo. En el evangelio de San Mateo hay una acusación
relacionada con la purificación de las manos (cap. 15, v. 2), a lo que él respondió;
“no es lo que entra por la boca del hombre lo que contamina al hombre, sino lo
que sale de su boca”. Aquí hay que entender el pensamiento judío y distinguir
entre, las leyes de la Torá de Moisés y las leyes rabínicas, estas últimas son leyes
secundarias en relación con la Torá. Si Moisés en la Torá ordeno “comerás
animales puros, no impuros”, la ley rabínica añadirá “lavarás tus manos tantas
veces”. La discusión entre la Torá y las leyes rabínicas es una discusión viva
entre judíos hasta el día hoy.
Sabemos
que Jesús no enseño a sus discípulos el comer carne de cerdo, lo sabemos porque
después de la resurrección y ascensión de Cristo a los cielos, el apóstol San
Pedro, en el relato de los Hechos de los Apóstoles, en una visión se negó a
comer la carne de los animales impuros; “De ninguna manera, Señor; jamás he
comido nada profano e impuro” (cap. 10, v. 14). En la Iglesia primitiva el tema
de las comidas –puras e impuras- fue un tema de discusión relevante, en
realidad los apóstoles no sabían si continuar con estas leyes judías ó
abolirlas. El concilio celebrado por ellos en Jerusalén decidió que estas leyes
no son necesarias para la salvación, correspondían a la alianza antigua del Sinaí,
no a la nueva alianza.
Como
conclusión, afirmo que Jesús no comía carne de cerdo, y, aunque parezca ridículo
preguntárselo, imaginando a un Jesús sentado en medio de sus discípulos comiendo
solamente los animales puros, no los impuros, excluyendo al cerdo, sabiendo él
mismo que establecería una nueva alianza y estas normas quedarían abolidas, ¿Qué
sentido había en guardar esto?.
Aunque
parezca ridículo, el significado de esta actitud no está en comer ó no comer
carne de cerdo, sino en respetar los mandamientos de su tiempo aun cuando sean
tan pequeñitos, y antes de resucitar, Jesús era un judío de su tiempo, y los judíos
no comen carne de cerdo. Habrá que preguntarse hoy que es lo que no deben hacer
ó si deben de hacer los discípulos de Jesús resucitado, el pueblo católico. Para
saberlo, hay que estudiar la fe.